martes, 23 de febrero de 2016

"Él y yo", el diario especial de Gabriela Bossis

 

        Hace pocos días, tomé por la mañana el librillo de "Él y yo" para leer uno de los puntos de este diario tan particular, como para coger fuerzas para toda la semana, y pensé: "...es que estas palabras me dan la vida, se pone uno las pilas bien rápido...", y rectifiqué: "bueno,  más que el libro, es Él quien transmite esa fuerza a través del libro..."
  Lo curioso (aunque ya estoy acostumbrado a estas "coincidencias"), es que cuando abrí el libro para leer alguno de sus puntos, me encontré con un diálogo en el que nuestra protagonista, Gabriela, se sorprendía de que su diario, puesto por escrito por indicación de Jesús, fuese a ser publicado en vida, cuando ella pensaba que más bien serviría de ayuda espiritual a lectores futuros, cuando ella hubiese fallecido. Y la coincidencia fue precisamente toparme con este diálogo sobre el sentido de fuerza y vida que transmite este libro a quienes lo leen.
    Las palabras, recogidas en su día en la festividad de San Rafael, son las siguientes: 
     " Y, ¿por qué no habría de aparecer EL Y YO, nuestro libro (porque es de los dos), viviéndo tú todavía? ¿Por qué no? Tú has hecho ya construir tu sepulcro y has vigilado todos los detalles. Nuestro libro, que será un libro de Vida, merece que tú dispongas todo lo que pueda ayudar a los lectores. ¿También en esto me vas a ayudar? Comienza hoy, que es la fiesta de San Rafael, el arcángel de las curaciones. Que el arcángel Gabriel añada la alegría y San Miguel la rapidez de esta santa actividad.
     Yo te doy los ángeles de mi Madre, vé de frente. Hasta los extremos de la tierra, estás conmigo."
    
   Pues sí, este es el sentido de este libro, pero empecemos por el principio.


LAS LECTURAS DE LOS MÍSTICOS

  Lo que se denomina "convertirse", supone, en un primer momento, caer en la cuenta de que toda esa musiquilla que viene sonando a través de la fe católica, y de la que tantas veces nos mofamos... simplemente es verdad. Y puesto que al convertirnos la aceptamos como verdadera, entendemos que Jesús está presente de forma física y real en cualquier sagrario de cualquier iglesia por la que pasamos a toda prisa y sin reparo; hecho éste que además de "creerse" puede fácilmente "vivirse", es decir, ser realmente percibido. Esto viene a ser como un primer nivel de impacto emocional que supone un consuelo y alegría enorme, y cuyo efecto dependerá de nuestro grado de compromiso con esta gran Realidad que se ha hecho presente y que lógicamente espera nuestra respuesta.
     A partir de aquí los caminos pueden ser diferentes en función de ese grado de respuesta, pero suele seguir a este encuentro una sed de conocimiento profundo de nuestra fe, lo que puede llevar a la lectura de las obras importantes para todo católico que quiera conocer más: La Biblia (especialmente el Nuevo Testamento),  documentos editados por la Iglesia a lo largo de los siglos, biografías de santos...

     Recuerdo que en su día puse mucho interés en leer obras sobre los místicos que habían sido calificadas por la Iglesia como "compatibles" con las verdades de fe, lo que supone una garantía de veracidad de las mismas. Esto es muy importante, pues entre estas obras se cuelan muchas otras que no gozan de esa presunción, y es que, máxime en estos tiempos, nunca han faltado libros relatando encuentros fantasiosos con el más allá, y que pueden suponer una fuente de confusión enorme para el católico de a pie.

     Entre los escritos de los místicos, me llamó poderosamente la atención la lectura de un librito pequeño llamado "Él y yo", escrito por Gabriela Bossis, una mística muy actual (vivió hasta mediados del siglo xx) y cuya forma de vida se asemejaba  bastante a la de un ciudadano ordinario de a pie.



QUIÉN ES GABRIELA BOSSIS

     Los mejores detalles sobre su vida los he encontrado en los prólogos que contienen el mismo libro mencionado. Algunos de ellos hacen referencia a una biografía escrita por una tal Madame Bouchard, y podemos destacar lo siguente:


Infancia y niñez
     Gabriela Bossis nació en Fresne, Francia, el 26 de febrero de 1874. La mayor parte de su vida la pasó en las regiones de Fresne sur Loire y Maine et Loire, su tierra natal. Hija de padres católicos, fue la menor de una familia de cuatro hijos, y podemos decir que fue una niña tímida y sensible, con tendencia a evitar las reuniones familiares y los tumultos. 
     Estudió en el colegio de las Damas Negras, congregación de "Las Fieles Compañeras de Jesús", y entre estas religiosas hubo especialmente una, Johanna Lhermitte, paralizada de las dos piernas, que ejerció una influencia muy benéfica sobre Gabriela. 
     No sabemos en qué momento Gabriele descubrió ese don extraordinario que consistió en escuchar, como una locución normal, la voz de Jesús; de hecho, en su vida adulta Él mismo le recordó esa intimidad que ya desde niña comenzó a tener con Dios, tal y como está escrito en sus apuntes con estas conversaciones: "¿Te acuerdas cuando eras pequeña y me buscabas? Te escondías dentro de un tapiz enrollado que se encontraba en el cuarto detrás de la cocina de tu abuela. Si alguien preguntaba, ¿donde está Gabriela?, tú pensabas: estoy con el Buen Dios." 




Sus dotes de artista
     Con el tiempo, esa timidez se fue transformando simplemente en una vida discreta, y como parte de su educación en el seno de una familia acomodada, pronto aprendió a hacer labores de bordado, y destacó en distintas actividades artísticas: pintaba, esculpía, tocaba música y cantaba.
   Su inquietud la llevó a obtener el diploma de enfermera y prestó servicios en la Misión de Camerún que le valieron una condecoración de la que nunca hablaba. Sin embargo, sus años de juventud fueron pasando sin apenas intuir que en la madurez de la vida iba a salir a relucir un aspecto fascinante de una personalidad inquieta que se deleitaba en la belleza: Gabriela comenzó a escribir y representar comedias, pues poseía dotes extraordinarias de actriz, lo que le llevó a representar sus obras por varios países.



    Según se describe en las biografías, su sentido para la escena era increíble, y sus movimientos muy graciosos. A la vez reservada y sorprendente, se transformaba bajo trajes cómicos o patéticos, según lo requerían los diferentes papeles que representaba. Llegó a ser una persona comunicativa a quien agradaban las reuniones sociales que antes le habían asustado tanto. 
     A nivel personal, sabía apreciar la belleza de las cosas naturales; personalmente se ocupaba del arreglo de su jardín. Su casa estaba siempre abierta a familiares y amigos a quienes colmaba de atenciones. 
     Físicamente, aunque no se podría decir que fuera una belleza clásica, era atractiva, alta, de cabellera rubia dorada. Sumamente activa, su paso era flexible y seguro. Su principal encanto residía en su sonrisa.

Su vida ordinaria
     Se desprende de la lectura de Él y yo que sus rentas procedían de la gestión de algunos inmuebles heredados, y aunque nunca transcendieron los motivos, al parecer no llegó a pensar en el matrimonio. 
     Su vida se descubre, a través del diario, inmersa en sus viajes en diversos periodos, alternando con etapas de estancia más pausada en distintas ciudades del sur de Francia. Estos viajes eran motivados la mayoría de las veces por la demanda de representación de sus obras, aunque también desarrolló en otros periodos una vida muy metropolitana y parecida a la de un ciudadano cualquiera en nuestros días. A lo largo del diario, la encontraremos viajando en tren, dando un paseo por París, o atendiendo a sus asuntos en una oficina burocrática.
     Ahora bien, dentro de esta vida ordinaria, ella conservaba ese don de escuchar de forma sensible la voz de Jesús (aunque nunca tuvo visiones ni éxtasis), y fue poniendo por escrito muchas de esas conversaciones de forma que muchos de esos Diálogos extraordinarios quedarían disponibles para todos nosotros.



Detalles de su biografía
     Entre los 20 y los 24 años, de acuerdo con la Biografía de Mme. Bouchaud, Gabriela pasó por grandes pruebas interiores, pues algunos religiosos la animaban a inclinarse por la vida contemplativa aunque no era esa la vocación que ella sentía: "Me creían ligera en mi juventud, pero fue entonces cuando experimenté las más profundas penas del alma".  Parece como si esos años hubieran sido la preparación para su misión futura, pues ella en una ocasión había escrito: "¿Qué son los siervos de Dios sino especie de juglares que guían los corazones al Señor?"
     La perseverancia hizo que finalmente encontrase su verdadero sentido a la vocación de apostolado, pero en la forma que mejor se ajustaba a su personalidad soñadora y artista (Dios sabe hacer las cosas; da vocaciones específicas pero respetándonos en todo, especialmente en los aspectos más íntimamente personales). Así, la inspiración le llegó de la mano del padre Olive, su director espiritual y párroco de Fresne, quien la lanzó a la acción: Un día le pidió que le escribiera una comedia para los jóvenes. Era el año de 1923; ella tendría cuarenta y nueve años cuando compuso y representó su primera obra: "El Encanto".
     Esta comedia recorrería varias otras parroquias de la localidad. Muchas otras le seguirían, todas ellas de buen gusto y moral perfecta. Un público cada vez más numeroso acogía estas representaciones con entusiasmo creciente; tanto es así que Gabriela fue invitada a representar a lugares tan distantes como el norte de África, Karacha, Túnez, Cartago, Argelia, Oasis de Golea, y también algunas ciudades de Italia, Canadá, etc. Todo ello en respuesta a lo que Dios le pedía, pero disfrutando de lo que más llenaba su anhelo y fascinación, y es que, ya se sabe, Dios guarda a cada cual un camino específico para poder servirle en la mayor rectitud y al mismo tiempo con el mayor gozo posibleSe conocen sus recorridos, que fueron muchos y notables si tenemos en cuenta la época, sólo por la mención que hace Gabriela de los lugares en los que recibe "palabras interiores".  



     Su experiencia espiritual proseguía durante todos estos años. El mundo no era un obstáculo. Ella escribiría sobre esa perfecta comunicación con Dios. En una ocasión había escuchado estas palabras: "Tus viajes irán trazando el camino del pequeño libro". 
     Gabriela comenzó a escribir sus Diálogos en el año de 1936, a bordo del barco Ille de France que la llevaba a Canadá, en obediencia al Señor. Sus éxitos como escritora y actriz fueron tan grandes que hubo un momento en el que pensó hacer también cine; a pesar de eso, su humildad era muy grande: "Si un día hay algo de bueno en mí, Señor, haz que no lo sepa". Nada impediría la escucha de esa Voz Divina que le hablaba en lo más profundo de su alma pidiéndole que transcribiera sus palabras. 

     Ni que decir tiene que los escritos fueron sometidos a todo tipo de estudios. Para ir al grano y no aburrir demasiado, diremos como conclusión dos cosas que son clave: en primer lugar, nada de lo que se dice en los escritos contradice las verdades de fe de la doctrina católica; en segundo lugar, muchas de las conversaciones contienen afirmaciones doctrinales ciertamente elevadas, y son tan variadas, numerosas y oportunas que, simplemente, es imposible atribuirlas a la invención de una persona como Gabriela. Es más, para despejar cualquier duda, no hay como leer el libro y sacar las oportunas conclusiones.  



Últimos años
     En sus últimos años Gabriela conoció la soledad por una especial solicitud que le hizo Cristo, como preparación para su muerte (ya había experimentado algo similar en su infancia, pues perdió muy pronto a sus padres y a su hermana mayor). Así, cuando murió su fiel sirvienta María, Jesús le pidió que no la reemplazara por nadie. Esto no impediría que Gabriela siguiera gozando de una alegria y una paz interior muy grandes. Sin embargo, nunca le faltaron sabios y prudentes sacerdotes que la estimularan y dirigieran su vida espiritual, velando por ella desde su primera juventud hasta su muerte. Esto lo anotaría ella en sus Cuadernos de 1948, recién muerto uno de ellos. En cierto lugar de sus Diálogos escribe las siguientes palabras que escuchó de Cristo: "Tú has estado siempre bajo mi dirección."
     
     Desde 1939 su vida interior se va perfeccionando por las Horas Santas que Cristo le pide. Sus palabras propias son cada vez más escasas y son las de Jesús las que tienen toda la relevancia hasta su muerte. En el año de 1949 tiene que someterse a una operación quirúrgica. Un ganglio infectado en el pecho la obliga a entrar al hospital. Ella pensó entonces que muy bien podría estar próximo su fin, pero no fue así. Logró recuperarse y, según la opinión de los médicos, no perdió el buen humor y alegría que le eran propios. Parece que fue entonces cuando empezó a perder la vista, pero sin que disminuyera ese entusiasmo propio de un temperamento jovial como el suyo. Un año después volvió a enfermar de pleuresía que le impedía respirar. Esta asfixia llegó a quitársele. No obstante, sus palabras, pronunciadas en voz muy baja, fueron siempre reconfortantes para los amigos que de muchas partes venían a visitarla. 
     Conservó su lucidez hasta los últimos momentos. En abril de 1950, dos meses antes de morir, le comunicó el doctor que no volvería a levantarse. Ella se pregunta: "¿Por qué entonces hay que esperar tanto?". Y, dado su temperamento alegre e impulsivo, ella misma se respondió en seguida: "Puesto que esta muerte está decidida, ¡que se decida!". La Voz le había dicho: "Tú has organizado muchas fiestas, hazme el honor de creer que Yo sé organizar las mías". "Yo cortaré el más dulce de tus dulces suspiros".

     Pocos días antes de su muerte le envía al Padre Parvulez la pluma con la que había escrito "El y yo", y le ofrece los cuadernos originales para que le fuera más fácil leerlos. Una pequeña recopilación de dichos cuadernos se publicó en vida de Gabriela; los demás tomos que componen todas las notas sobre las "palabras interiores" se publicaron después de su muerte. Este mismo sacerdote le había asegurado en una carta, que sus representaciones gustaban, no sólo al auditorio visible sino también al invisible de Dios y de los ángeles. Y otro sacerdote, el Padre Olive, hizo de ella este comentario: "Alma grande, tan compleja y trascendente".

      En la noche que siguió a la fiesta de Corpus (que durante toda su vida fue su festividad favorita), del 8 al 9 de junio del mismo año de 1950, vino la cuidadora a vigilar su estado hacia las cuatro de la mañana; estaba entera y todo parecía normal dentro de su gravedad. La cuidadora se retiró a descansar a otro cuarto y se adormeció. Cuando regresó al lecho de Gabriela, poco tiempo después, la encontró todavía tibia, pero inmóvil.
     Y fue así, en la Divina soledad de Él y ella, como el Señor vino "a recoger el más dulce de sus suspiros". Gabriela fue enterrada con su hábito de Terciaria Franciscana, tal como habían sido sus deseos. Sus sobrinos se encargaron de cumplir la voluntad de su tía tan querida.




UNA LECCIÓN DE VIDA PARA NUESTROS AJETREADOS DÍAS 


     Lo que distingue a EL Y YO de todos otros escritos místicos es que su autora no parece vivir entre los muros de un claustro ni llevar una vida sedentaria, ni siquiera la vida quieta de una madre de familia entregada a su hogar. 
    Se trata de una vida mucho más activa e itinerante, marcada además por el bello matiz artístico de la protagonista, tan sometida en ocasiones a fechas y horarios como nuestras ajetreadas vidas del mundo de hoy.
   
     Son pues las notas espirituales de una mujer de mundo. Por todos los caminos de Francia, y por aquellos lugares distantes por donde fue guiándola la Providencia, Gabriela se va adaptando a las circunstancias y valiéndose de los mil y un vericuetos de la vida para seguir haciendo lo supuso su aliento vital: sus conversaciones con Dios, la cercanía a familiares y amigos, y sus amadas obras de teatro. Algo no muy distinto de lo que pueda hoy hacer cualquier alma entregada que al mismo tiempo disfruta de su quehacer cotidiano, ya sea en una oficina, en el metro, a bordo de un tren, o surcando los cielos. 


     Y... sí, iremos encontrado por este blog numerosas referencias a este diario...

3 comentarios:

  1. Me encanto tu comentario al inicio, porque precisamenté la lectura de este libro esta llena de diósidencias, y es muy raro que yo lo abra sin recibir de antemano respuesta a algo que en mi corazón ya Jesus me lo había dicho. Siempre que lo abro se que tendré un encuentro con El.

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    1. Así es Lupita, es algo que se puede dar con cualquier lectura espiritual, pero es cierto que algunas son más propias para recibir este tipo de "respuestas". En este caso, al tratarse de un diario, y siendo varios años los recogidos en él, se dan muchas circunstancias distintas, lo cual hace más rico el abanico de posibilidades y, al mismo tiempo, aún más sorprendente que la cita elegida coincida con lo que en ese momento uno necesita escuchar.
      Gracias por tu comentario, encantado de que pases por este blog!

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  2. las conversaciones contienen afirmaciones doctrinales ciertamente elevadas, y son tan variadas, numerosas y oportunas que, simplemente, es imposible atribuirlas a la invención de una persona como Gabriela

    Gracias

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