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viernes, 28 de junio de 2019

¡ Vivan los novios !





    Dicen que hoy en día  la gente ya no se casa. También decimos apesumbrados que hacen falta testimonios, que el mundo está muy mal... pero... ¿no será que nos falta elevar un poquito la mirada?
 
     El pasado sábado Antonio y Marian hicieron lo contrario a lo que marcan las frías estadísticas. Desoyendo  modas y hábitos que arraigan con fuerza en estos tiempos, ellos dijeron SÍ QUIERO. Y lo hicieron “a la antigua”, bajo la fórmula del Matrimonio católico al que hoy apenas se le tiene en cuenta, ni siquiera por la tradición heredada de los padres.
     Antonio y Marian llegaron a la preciosa capilla del Monasterio de la Cartuja cargados de ilusión y con los sentidos puestos en todos los detalles de aquel día tan especial. La ceremonia fue oficiada por un sacerdote de esos que te dejan prendado, no obstante Pedro López Calvo es amigo de la familia desde hace muchos años. También don Antonio García Angulo, muy cercano a los contrayentes y sus familiares, los preparó convenientemente en los cursillos prematrimoniales, y tener a tu lado a curas tan cercanos es toda una garantía.
      Pero eso por sí sólo no basta. Esta pareja enamorada puso sobre todo convicción, decisión, la asunción responsable del compromiso que se contrae entre ellos mismos y ante Dios, con los familiares y amigos como testigos. Y esta actitud se hizo evidente en la mirada de Antonio al ver llegar a la novia, en la sonrisa de Marian al detenerse a la altura de su “casi” esposo, y en los timbres de sus voces al pronunciar las palabras de la ceremonia. Fueron muchos los gestos en los que se percibía el vibrato de un alma que sabe que pisa terreno sagrado y que sabe que ahí, en la Iglesia que le dio el bautismo, va a dar un paso decisivo en el amor. 
     Hoy los felices esposos disfrutan de su luna de miel, mientras familiares y amigos regresan a la normalidad de sus días. Ellos también regresarán y tomarán posesión de su hogar, y comenzarán su andadura juntos por las sendas que marque el destino, pero parten con la mejor de las garantías: la de saberse comprometidos mutuamente. Sus voluntades han optado por atarse, por vincularse inseparables ante todo lo que tengan que afrontar, pues la vida ordinaria irá llenando los días de certezas absolutas que la gente pronto se encarga de anunciar, como si ellos no supieran ya que las dificultades son parte del camino...
      Animo a los nostálgicos del mundo perfecto a que se olviden de utipías ñoñas que esconden cobardía. Por el contrario, animo a quien quiera seguridades robustas a que se armen de valentía en dar pasos como éste que han dado ellos; pasos que también considero válidos en el matrimonio civil, pues suponen anunciar un compromiso entre los cónyuges y ante los demás. Pero sobre todo animo, a quienes tengan la opción de casarse por la Iglesia, a que hagan como Antonio y Marian, quienes no dudaron en abrazar este sacramento que tantas bencidiones reparte...



    Nada bueno llega sin esfuerzo, pero todo puede superarse y fructificar si  construimos la casa sobre terreno firme. Y nada más firme que saberse unidos y acompañados por Aquel que todo lo puede; mediante este sacramento podemos ofrecerle los años venideros, cargados de días sencillos, bajo el beneplácito de Su Divina Voluntad. 
     Enhorabuena pareja. Lo habéis hecho. Ahora, sed felices y dad testimonio.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Pedro López Calvo: testigo de La Luz Redentora.

     

     Me llamo la atención, en la lectura del pasado domingo, el término que empleaba San Juan  para denominar a su tocayo Juan el Bautista, refiriéndolo como “el testigo de La Luz”. A éste se le dirigían las multitudes preguntándole si él era el Mesías, y bien claro respondió manifestando que no era él, sino Aquel al que venía anunciando.
      No sé por qué motivo me fijé de forma especial en este apelativo, máxime cuando en mi caso la figura de Juan Bautista siempre ha estado un poco eclipsada por la de los apóstoles, y por supuesto por Jesús. Sin embargo, al enterarme hace unos días del 30 aniversario de la ordenación de Pedro, me he acordado de forma inmediata del evangelio referido, y, aunque parece que la explicación es más que obvia, creo que merece la pena detenerse un poco y contemplar lo que han significado estos 30 años.

      Conocí a Pedro López muy poco después de haberse ordenado, allá por el año 88. Con apenas 18 años yo era un chaval, pero... ¡Pedro también! Por supuesto que a esas edades la referencia de alguien que es algo mayor influye en muchos sentidos, de hecho, desde esa perspectiva adolescente esos pocos años de diferencia hacen que se contemple al "amigo mayor" como a una figura casi de "hermano mayor". Por lo tanto Pedro siempre tuvo un papel relevante como modelo para mí en muchos aspectos, lo cual luego supe atribuir a una deliberada Gracia otorgada por la Providencia Divina. El escritor Chesterton "alucinaba" con el brillo de aquellas personas a las que había conocido en vida, y atribuía a Dios el papel de un especial "maestro de cerenomias" que ponía en contacto a unos y otros, de hecho... ¿no es cierto que lo más valioso al final de todo es la gente que hemos conocido y que os han acompañado en este Viaje?

     El caso es que, como os habrá pasado a muchos, Pedro se convirtió en una compañía constante, y aunque estos años han pasado fugaces y la perspectiva del largo plazo simplifica las cosas, no olvidemos que este tiempo ha estado cargado de meses, semanas y días, cada uno con una intensidad distinta. Días atiborrados de sensaciones y vivencias tan múltiples como dispares, conocidas por la gente cercana, y entre los cuales, Pedro siempre ha tenido un papel especial. Así, él conició mi adolescencia y juventud, mis vivencias universitarias, mis amigos y novia, me acompañó en nuestra boda y llegada de los hijos, y, sobre todo, estuvo siempre al lado,en tantos buenos momentos y en algunos otros realmente difíciles.


     Desde que Pedro "se coló" en mi vida, en las de mis familiares y amigos, esposa e hijos, creo que todos guardamos siempre la misma imagen: una sonrisa constante coronada por una mirada limpia y una viveza que trasmite algo más, algo como... un reflejo, el reflejo de Aquel al que estamos llamados y del que Pedro siempre es un fiel testigo. En esa mirada, en esa sonrisa, queda resumido lo más importante, no ya solo los muchos méritos personales en su labor dentro de la familia redentorista (que no conviene obviar), no solo su ardiente fervor misionero entregado en tantos y tantos destinos por todo el mundo, sino, sobre todo, la deslumbrante fidelidad de su ministerio a la vocación personal a la que fue llamado. Y es que, dentro de la vocación sacerdotal, Pedro recibió un carisma particular, un carisma él acogó como su "primer amor": aquel que le pidió adornar sus días de cura dando testimonio de la Alegría. Y así, disfrutando intensamente cada momento de su vida, Pedro se ha convertido, como Juan el Bautista, en un farolillo brillante que proclama la confianza en Dios, en un reclamo constante a olvidar la pesadumbre cotidiana y cambiarla por la sonrisa diaria, en un inequívoco testigo de La Luz Redentora.

    Ahora, como bien dejaste claro en tu Facebook, ¡ a por otros treinta ! Es tu vocación, y los demás lo necesitamos.... Gracias, y que siga acompañándote la bendición del Redentor.

PD: a los curas se les llamó así, precisamente, por ser "médicos de almas", por procurar los cuidados y "curas" que necesita el alma. Tal vez por ello, tampoco estos días ha dejado de sonar en mi subconsciente  esta canción que habla de la entrega, del cuidado amoroso, del "ponerse en lugar" de aquel a quien se ama. La canción se llama "La Cura", y no hay más que seguir la letra...