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jueves, 23 de julio de 2020

Jorge Nieto: 25 años en ofrenda permanente.

     Me costó trabajo encontrar algunas fotos en el maremagnum de archivos que he ido acrecentando con mi afición a la fotografía. Sin embargo, no me costó ningún esfuerzo recordar el ambiente que se respiraba escuchando esas precisas homilías de Jorge en el fresquito atardecer veraniego, en la urbanización Salomar 2000. Tan solo pretendía captar algo de esa atmósfera, haciendo uso de la poca luz que quedaba y sin dar la nota moviéndome de mi sitio: familias enteras, vecinos, amigos... todos nos dábamos cita para terminar la semana cumpliendo el precepto dominical.



     Podríamos decir que pertenezco a esa clase de “feligrés estival” que se deja caer por Salobreña con la frecuencia anual que marcan las vacaciones. Y este año, como tantos, esperaba ya las misas del padre Jorge con esa alegría que genera, no sólo el encuentro con alguien querido, sino también el ardor interior motivado por sus palabras y temple. Y es que, el carácter afable y cercano de Jorge ha ido dejando a lo largo de los años un firme poso de continuidad, como cuando las cosas no solo se “hacen”, sino que “nacen”.
     Ojo. En esta percepción no solamente me dejo llevar por las sensaciones del trato personal, siempre precedido de la amabilidad y cariño verdaderos, pues alguno podría decir que un cura no sólo debe ser bálsamo, sino también guía, llamada, pastoreo...  Y he aquí que sin duda puedo también dar testimonio del prisma de su vocación, que a mi entender refleja vivamente, nada más y nada menos, que el carácter misericordioso de ese Dios que Jorge tan bien conoce. Claro, los matices de algo tan peculiar como una vocación sacerdotal, no se captan a la primera de cambio, pero tampoco es difícil  percibir esos dones si se tiene un poquito de sensibilidad. Nada mejor para ello que recibir algún sacramento de tan bellas manos, especialmente el de la confesión, en el cual la Gracia divina opera a través de la riqueza personal del sacerdote. Es entonces cuando los diálogos, la distensión motivada por ese “querer estar cerca”, trabajan a una, ofreciendo con ello consuelo y abrazo paternales a los corazones arrepentidos. Yo mismo fui uno de esos agraciados...
     Y añado algo más para no confundir, para que no haya quien piense que este punto de vista sólo procede de una sensiblería desbordada por mi parte. Volviendo a esas ricas homilías que antes mencionaba, siempre he encontrado por parte de Jorge un mensaje claro, coherente, transparente y directo; siempre  maniobrando hábil con la piedra angular que pretende hacernos despertar a una idea clave: Dios se refleja en el prójimo, y no podemos construir una relación sana con Él que no parta del trato generoso con nuestro hermano. Teoría y práctica bien definidas; no podemos decir entonces que le falte a Jorge el carácter profético. 


    Y así, con bella constancia, con la necesaria fidelidad a su ministerio, han llegado los 25 años. Creo que debemos ser próximos en edad, ya algo pasaditos los 40, momento perfecto para hacer balance: conscientes de la plenitud de facultades, pero sabiendo que las cosas no están para dejarse caer de brazos.
      Como feligrés peregrino, no he podido lógicamente vivir sus tareas pastorales en el seno de la comunidad parroquial de Salobreña, pero seguro que los tranquilos parroquianos de este bello pueblo costero podrán añadir mucho en su favor. Y es que creo que este es momento de reconocimiento, de agradecimiento, y sobre todo, de devolver a Jorge un poquito de lo que nos ha ido ofreciendo a todos. Recibe pues nuestro pequeño homenaje como un regalo, seguros de que Jesús también se deleita con los momentos de gozo de Sus muy amados sacerdotes; y tómalo como un consuelo colmado de cariño que venga a sanar un poquito esos difíciles momentos que, sin duda,  también han existido en tu peregrinar al servicio de Dios y de los hombres. 
     Tu ofrenda fiel ha movido montañas, y aunque no es aquí donde se desvelarán los frutos, desde luego... buenas pistas has ido dejando por el camino. 




    Gracias, de corazón Jorge. Y ahora...  ¡a por las bodas de oro!

sábado, 23 de diciembre de 2017

Pedro López Calvo: testigo de La Luz Redentora.

     

     Me llamo la atención, en la lectura del pasado domingo, el término que empleaba San Juan  para denominar a su tocayo Juan el Bautista, refiriéndolo como “el testigo de La Luz”. A éste se le dirigían las multitudes preguntándole si él era el Mesías, y bien claro respondió manifestando que no era él, sino Aquel al que venía anunciando.
      No sé por qué motivo me fijé de forma especial en este apelativo, máxime cuando en mi caso la figura de Juan Bautista siempre ha estado un poco eclipsada por la de los apóstoles, y por supuesto por Jesús. Sin embargo, al enterarme hace unos días del 30 aniversario de la ordenación de Pedro, me he acordado de forma inmediata del evangelio referido, y, aunque parece que la explicación es más que obvia, creo que merece la pena detenerse un poco y contemplar lo que han significado estos 30 años.

      Conocí a Pedro López muy poco después de haberse ordenado, allá por el año 88. Con apenas 18 años yo era un chaval, pero... ¡Pedro también! Por supuesto que a esas edades la referencia de alguien que es algo mayor influye en muchos sentidos, de hecho, desde esa perspectiva adolescente esos pocos años de diferencia hacen que se contemple al "amigo mayor" como a una figura casi de "hermano mayor". Por lo tanto Pedro siempre tuvo un papel relevante como modelo para mí en muchos aspectos, lo cual luego supe atribuir a una deliberada Gracia otorgada por la Providencia Divina. El escritor Chesterton "alucinaba" con el brillo de aquellas personas a las que había conocido en vida, y atribuía a Dios el papel de un especial "maestro de cerenomias" que ponía en contacto a unos y otros, de hecho... ¿no es cierto que lo más valioso al final de todo es la gente que hemos conocido y que os han acompañado en este Viaje?

     El caso es que, como os habrá pasado a muchos, Pedro se convirtió en una compañía constante, y aunque estos años han pasado fugaces y la perspectiva del largo plazo simplifica las cosas, no olvidemos que este tiempo ha estado cargado de meses, semanas y días, cada uno con una intensidad distinta. Días atiborrados de sensaciones y vivencias tan múltiples como dispares, conocidas por la gente cercana, y entre los cuales, Pedro siempre ha tenido un papel especial. Así, él conició mi adolescencia y juventud, mis vivencias universitarias, mis amigos y novia, me acompañó en nuestra boda y llegada de los hijos, y, sobre todo, estuvo siempre al lado,en tantos buenos momentos y en algunos otros realmente difíciles.


     Desde que Pedro "se coló" en mi vida, en las de mis familiares y amigos, esposa e hijos, creo que todos guardamos siempre la misma imagen: una sonrisa constante coronada por una mirada limpia y una viveza que trasmite algo más, algo como... un reflejo, el reflejo de Aquel al que estamos llamados y del que Pedro siempre es un fiel testigo. En esa mirada, en esa sonrisa, queda resumido lo más importante, no ya solo los muchos méritos personales en su labor dentro de la familia redentorista (que no conviene obviar), no solo su ardiente fervor misionero entregado en tantos y tantos destinos por todo el mundo, sino, sobre todo, la deslumbrante fidelidad de su ministerio a la vocación personal a la que fue llamado. Y es que, dentro de la vocación sacerdotal, Pedro recibió un carisma particular, un carisma él acogó como su "primer amor": aquel que le pidió adornar sus días de cura dando testimonio de la Alegría. Y así, disfrutando intensamente cada momento de su vida, Pedro se ha convertido, como Juan el Bautista, en un farolillo brillante que proclama la confianza en Dios, en un reclamo constante a olvidar la pesadumbre cotidiana y cambiarla por la sonrisa diaria, en un inequívoco testigo de La Luz Redentora.

    Ahora, como bien dejaste claro en tu Facebook, ¡ a por otros treinta ! Es tu vocación, y los demás lo necesitamos.... Gracias, y que siga acompañándote la bendición del Redentor.

PD: a los curas se les llamó así, precisamente, por ser "médicos de almas", por procurar los cuidados y "curas" que necesita el alma. Tal vez por ello, tampoco estos días ha dejado de sonar en mi subconsciente  esta canción que habla de la entrega, del cuidado amoroso, del "ponerse en lugar" de aquel a quien se ama. La canción se llama "La Cura", y no hay más que seguir la letra...